Fundaciones


Madre Isabel fue una incansable trabajadora, su obra se fue extendiendo de manera progresiva. Asilos, Colegios, Hospitales son presentados como fruto de la labor en la Congregación de las Hermanas Franciscanas.


En Valencia, el Asilo de San Antonio (1896) en el cual aprendió que a la sociedad despiadada que produce tantas criaturas desheredadas no le agrada que una actitud contraria le eche en cara su insensibilidad.

En Antímano (1895) descubrió el mundo campesino, tan necesitado y explotado.





En la fundación del Hospital de Petare (1910) se encontrara con el dolor humano hecho enfermedad indigente.



En Ciudad Bolívar el Asilo "San Vicente de Paúl" (1927) será el anciano deprimido y despreciado, la expresión plena del dolor humano.


Con el Colegio San Antonio en Caracas (1897) aprendió a servir al prójimo, formando las conciencias y las inteligencias de los "no" desheredados.


En la fundación de Sabana Grande (1909) aprendió que es preciso ser flexible en el servicio y acomodarse a las cambiantes circunstancias del mundo.


En Apure (1912) y en Mérida el Asilo "Casa de la Misericordia" (1915) sentirá el problema de la provincia, de las regiones, que por estar apartadas de los centros de poder, vivían en condiciones difíciles.

Y la clase a la que Madre Ysabel no pudo asistir, pero que sí asimilaron sus hijas, los indígenas. Al final de este aprendizaje, bajo la acción del Espíritu Santo, la Congregación de la Madre Ysabel llegó a la misma conclusión que San Francisco de Asís: "No especializarse en ninguna actividad, sino sólo en vivir el Evangelio – y compartirlo – en distintas actividades y con medios diferentes".

Para concluir les invito a hacer esta reflexión:

"Los cristianos sabemos que somos hijos de Dios. Él nos quiere mucho y a cada uno nos marca un camino. Nosotros, siguiendo ese camino no solamente vivimos como buenos hijos de Dios, sino que nos capacitamos para ayudar a los demás. Pero eso no está escrito en un papel. Dios va poniendo señales en el camino para que nosotros nos demos cuenta por donde tenemos que caminar y qué tenemos que hacer. Eso fue lo que pasó con la Madre Isabel y las demás hermanas: ellas fueron descubriendo pistas en el camino, con las que Dios les iba indicando por donde tenían que ir".